Las relaciones son entre dos
Me pasa seguido que cuando conozco a una persona suelo enfocarme en ella, como es de esperar, pero tal vez más de lo que debería. Olvido que la relación es de los dos, y por ende debería también enfocarme en mí. Pienso cómo me verá la otra persona, qué ideas estará formando de mí, si estas ideas son positivas o negativas, si habrá interpretado alguna cosa que dije de una manera diferente, y así suele ser mi diálogo interno. Se me escapa que también es importante cómo esa otra persona está entrando en contacto conmigo, cómo me siento yo cuando hablo con ella, qué ideas me genera, qué opino yo de la conversación que estamos teniendo. Es necesaria la presencia de otra persona para entablar una relación, pero pasa de manera implícita la necesidad de nuestra presencia también, y a veces lo que no se dice se olvida. Es importante cómo me ve la otra persona, pero también es importante cómo yo veo al otro.
En la interacción con el otro, ambas partes tenemos una historia detrás, una familia con unas creencias, un grupo social, historias, fallos, logros, toda una vida de experiencias que traemos al momento de conexión y que nos acompañan así queramos o no. En un lenguaje más técnico esto se denomina la transferencia – lo que el otro atribuye en mí con base en su experiencia – y la contratransferencia – lo que yo atribuyo sobre el otro con base en mi experiencia. La transferencia y la contratransferencia afectan la manera en la que nos relacionamos con los demás, ya que esto lleva a que, basados en experiencias pasadas, atribuyamos un significado a las interacciones que estamos teniendo en el ahora. Si durante una conversación me surge un sentimiento de fastidio, de alegría, de rabia o de esperanza, es porque lo que me está diciendo el otro despierta esos sentimientos en mí, que nacen de los eventos de los que he hecho parte en el pasado. Es por esto que resulta tan importante tener presente los sentimientos e ideas que nos surgen en la interacción con los demás. Y no digo los sentimientos e ideas que nos generan los demás, porque el otro no lo hace por mí, soy yo el que le da un significado a la interacción y el que siente y piensa lo que siento y pienso.
Enfocarse en el otro es de gran importancia, sin duda alguna. La empatía y el entendimiento facilitan la comunicación y el desarrollo de las relaciones, pero si nos centramos mucho en el otro, la otra persona se queda sin quién tener una relación. Es cuando nos permitimos entregar una parte de nosotros que la otra persona puede conocernos por quienes somos, y no por lo que intentamos aparentar. Dejarse ver es algo que puede dar miedo, especialmente cuando no estamos acostumbrados, pero si no lo hacemos, le estamos quitando el privilegio a los demás de poder conocernos verdaderamente.