Año nuevo ¿vida nueva?
Este año, en lo personal, no se siente como el comienzo de una nueva etapa. Usualmente, al llegar enero, me encuentro con un mundo de motivación, de cambiar los hábitos que no me gustan y de implementar los que me gustaría tener. El año nuevo es una época en la que siempre me enfocaba en el cambio, en ser la persona que quería ser. Extrañamente, para mí, el comienzo de este año no marcó el inicio de nada en particular. Siento que el 2026 va a ser más bien una continuación de cosas que comencé el año pasado, y es un cambio que me gusta.
A lo largo del 2025 me enfrenté a una de las épocas más carentes de sentido en mi vida: graduarme de la universidad y no encontrar trabajo. Había invertido cinco años de mi vida en estudiar una carrera que supuestamente iba a llevarme al éxito profesional, y me encontré con la realidad de que no basta con tener un título. No basta para ser persona, me refiero. Había centrado mi sentido de identidad en la universidad, en el semestre en el que estaba, en las prácticas que había conseguido y en las notas que había sacado. Había puesto mi valor únicamente en mi éxito, y eso me llevó a cuestionarlo todo cuando me encontré con el fracaso. Y esto no es algo que haga yo solamente. Por lo general, cuando conocemos a una persona, de las primeras cosas que le preguntamos es qué estudia o en qué trabaja. Gran parte de nuestra identidad en el mundo moderno está ligada a nuestra profesión, ya que cada vez esta ocupa una mayor parte de nuestras vidas y cada vez tenemos menos intereses por fuera del trabajo.
Cualquier persona que ha estado desempleada sabe que no es una situación fácil. Uno se crea historias para explicar por qué no han dado respuesta a las hojas de vida enviadas, y la presión (externa o interna) lleva a que uno se cuestione todo. En mi caso, tenía que ocupar mis días de alguna manera, porque para estar en casa mirando al techo no se necesita un título. Este tiempo fue para mí la oportunidad de conocerme: más allá del estudio, más allá del trabajo, saber quién era yo cuando no tenía una rutina establecida. Lo primero que aprendí fue que necesitaba una rutina establecida. Es muy miserable levantarse cada día y no saber qué se va a hacer. Los humanos necesitamos estructura, ya que, si tenemos un mundo de posibilidades, nos abrumamos y no terminamos haciendo nada. Durante este tiempo dibujé, escribí, edité videos, edité fotos, corrí, estudié francés, mejoré mis habilidades en la cocina, lloré, reí, amé y muchas otras cosas. Cuando digo que este año no se siente como un comienzo es porque no veo la necesidad de “redescubrirme” en este 2026. Ya sé quién soy, y estoy muy feliz de continuar con mi yo del 2025, seguir nutriéndolo y seguir desarrollándolo.
El año nuevo es una gran oportunidad para comenzar de cero, pero hay una razón por la que la mayoría de las personas abandonan sus resoluciones antes de que comience febrero. No necesitamos el inicio de un nuevo año para comenzar a ser la persona que queremos ser. Comenzar algo un 25 de marzo es igual de válido (y probablemente más sostenible) que un 1 de enero. No se limiten a reflexionar únicamente en el cierre del año, ya que este puede que tampoco sea un cierre, como es mi caso. Vean cómo va su progreso esporádicamente, cuando lo consideren necesario, y así podrán ver hacia dónde están yendo de una manera más clara y cambiar el curso si así lo desean.